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    El modelo brasilero para una innovación agrícola sustentable

    • Clarín Rural conversó con la directora de Innovación de Embrapa, Ana Euler, para conocer su modelo de sustentabilidad financiera.
    • El rol del Estado y la vinculación público-privada.

    El modelo brasilero para una innovación agrícola sustentable

    “Financiar la ciencia”. Esa es la acción que Ana Euler, directora de Innovación de Embrapa (Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária), propuso con el objetivo de dirigirse a una agricultura sustentable y resiliente ante el cambio climático. Su mensaje cayó como una aplicación ultra precisa en el campo de la World Agritech South América Summit que se realiza en la ciudad de San Pablo, Brasil, un evento que reúne al ecosistema agtech (start-ups y grandes compañías) de toda la región con sus posibles clientes y proveedores, y también con potenciales financistas.

    En ese escenario, Clarín Rural conversó con Euler para comprender cómo fue que Embrapa logró transformarse en una entidad referente de la investigación agrícola a nivel mundial, gozando hoy de una fortaleza técnica y financiera que le brindan sustentabilidad y agilidad ante las nuevas tendencias.

    -Embrapa es reconocida globalmente como el motor de la revolución agrícola brasileña. ¿Cómo nació ese modelo y qué rol tuvo el Estado en su creación?

    -Embrapa nació en 1973, en un contexto donde Brasil necesitaba con urgencia generar soluciones propias para su agricultura. Hasta ese momento, toda la ciencia agronómica estaba pensada para países de clima templado. No existía una agricultura tropical adaptada. El Estado tomó la decisión estratégica de crear una empresa pública de investigación e innovación, con autonomía jurídica y administrativa, con el fin de tropicalizar la agricultura, desarrollar cultivos, tecnologías y sistemas productivos adecuados a nuestra biodiversidad y a nuestras condiciones.

    -No fue solo importar conocimiento, sino adaptarlo.

    -Exactamente. La clave fue dejar de replicar modelos externos y construir ciencia tropical. Eso nos permitió, por ejemplo, producir trigo en el Cerrado o soja en la Amazonía. La idea fue siempre fortalecer nuestra soberanía alimentaria y productiva. La vocación natural de Brasil es la agricultura, la selva, los servicios ecosistémicos, la biodiversidad... y los países tienen que invertir en aquello en que tienen diferencial y potencial, entonces desde Embrapa trabajamos en cultivos, ganadería, forestación, piscicultura, y más actividades y sectores partiendo de la idea de sistemas alimentarios como un todo, sistemas extremadamente complejos y multifuncionales.

    -Ese modelo parece haber tenido una vinculación muy temprana con el sector privado.

    -Totalmente. Embrapa siempre estuvo muy cerca del productor, sea pequeño, mediano o grande. También con las organizaciones del agro, como la CNA, y con los gobiernos locales. Desde su origen, Embrapa entendió que la innovación tenía que llegar al campo, al productor real. Por eso combinamos investigación básica y aplicada, y generamos alianzas público-privadas que nos permiten acelerar desarrollos y llevar soluciones al mercado.

    -¿Cómo se financia hoy Embrapa? ¿Cuál es el desafío en términos de sostenibilidad financiera?

    -Somos una empresa pública, con el Estado brasileño como único accionista, pero solo un tercio de nuestro presupuesto de investigación proviene directamente del gobierno. El resto se genera a través de convenios, contratos con el sector privado, proyectos internacionales y acuerdos con organismos multilaterales. Nuestro desafío es mantener la soberanía financiera, porque el modelo en el que el Estado financiaba todo ya no existe.

    -¿Están explorando nuevos modelos de financiamiento?

    -Sí, estamos trabajando con el Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) y con la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) en la creación de fondos de innovación para financiar startups agropecuarias y proyectos de investigación. También diseñamos modelos de coinversión público-privada que nos permitan sostener y escalar la investigación agropecuaria brasileña.

    -Brasil pasó de ser importador de alimentos a uno de los principales exportadores del mundo. ¿Qué papel juega la ciencia en eso?

    -Fue determinante. Embrapa le cuesta a la sociedad brasilera 765 millones de dólares anuales pero genera un impacto económico de 19.420 millones. Por cada real que se invierte en Embrapa, la sociedad brasileña recibe 25 reales de retorno económico. Hoy la agricultura representa cerca del 25% del PBI de Brasil, y detrás de eso hay ciencia, innovación y un modelo que logró transformar regiones enteras.

    -¿Qué rol juega la biodiversidad en la innovación agrícola?

    -Es central. Gran parte del futuro de la agricultura está en aprovechar la biodiversidad, no solo como conservación, sino como fuente de soluciones: microorganismos, hongos, biotecnología, bioinsumos. Apostamos a reducir la dependencia de insumos químicos importados, disminuir la huella de carbono y avanzar hacia una agricultura más inteligente y sostenible.

    -Hablás de una agricultura “inteligente”. ¿Qué significa eso hoy?

    -Significa integrar tecnologías como la inteligencia artificial, la nanotecnología, la edición génica, la ciencia de datos y los sistemas predictivos. Pero también significa entender que la agricultura no es solo producir alimentos, sino generar servicios ambientales, energía, fibras y preservar ecosistemas.

    -¿Cómo se prepara Embrapa para ese futuro?

    -Estamos transformando nuestros equipos. Embrapa cuenta con 7.200 empleados, 43 unidades de investigación y está presente en casi todos los estados. Y hoy, además de agrónomos, veterinarios o zootecnistas, necesitamos especialistas en inteligencia artificial, ciencia de datos, meteorología, ciencias sociales y economía circular. La agricultura del futuro es multifuncional y sistémica. Requiere pensar en redes, en biodiversidad, en datos y en sostenibilidad.

    -La Argentina enfrenta hoy un proceso de ajuste en su sistema de investigación pública agropecuaria. ¿Qué reflexión te genera desde tu experiencia?

    -La lección de Brasil es que no hay transformación productiva sin inversión pública sostenida en ciencia, tecnología e innovación. La autonomía productiva, la soberanía alimentaria y el desarrollo de las regiones dependen de eso. Embrapa es el resultado de una visión de Estado, que entendió que apostar por la ciencia no es un gasto, es una inversión estratégica.


    Lucas Villamil
    Lucas Villamil

    Editor de la sección Rural

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