Noticias hoy

    Más allá de la miel: la desaparición de las abejas y su influencia en la seguridad alimentaria

    • El 71% de los principales cultivos dependen de la polinización, que fecunda frutos y semillas.
    • En el año 2000 una colmena costaba 30 dólares, hoy 200 dólares, y la demanda sigue sin cubrirse.

    Más allá de la miel: la desaparición de las abejas y su influencia en la seguridad alimentaria

    Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 90% de los alimentos en el mundo provienen de 100 especies de cultivos, de las cuales 71 dependen de la polinización por abejas.

    ¿Qué es la polinización? Es el proceso de transferencia del polen (célula masculina) desde los estambres (parte masculina de la flor) hasta el estigma (parte femenina), permitiendo la fecundación y, por ende, la producción de frutos y semillas. Las abejas son los principales insectos polinizadores, desempeñando un papel crucial en los agroecosistemas tanto desde el punto de vista ecológico como económico. De hecho, una gran parte de los alimentos consumidos y comercializados a nivel mundial dependen directa o indirectamente de su labor.

    Desde hace dos décadas se ha observado una preocupante disminución de las poblaciones de abejas, un fenómeno conocido como "despoblamiento" o "colapso de las colmenas". Este síndrome se caracteriza por la pérdida masiva de colonias, especialmente durante el invierno, sin una causa aparente.

    En 2019, la Unión Europea publicó un informe que alertaba sobre la significativa pérdida de colonias de abejas en Europa occidental, un problema también presente en Estados Unidos, Rusia, Brasil y otras regiones del mundo.

    En EEUU, el Valle de California, epicentro de la producción mundial de almendras, enfrenta una crisis sin precedentes: la pérdida del 50% de las abejas durante el invierno ha puesto en riesgo la polinización de más de 600,000 hectáreas de almendros.

    Esta situación no solo amenaza el rendimiento del 80% de la producción global de almendras, sino que también ha encarecido el costo de las colmenas. En el año 2000, una colmena costaba aproximadamente 30 dólares; hoy su valor asciende a 200 dólares, y la demanda sigue sin poder ser cubierta.

    Existe consenso en que el problema es multifactorial. Enfermedades, urbanización que reduce hábitats naturales, introducción de especies no nativas, uso excesivo de fitosanitarios y cambio climático han contribuido al despoblamiento de las colmenas.

    El cambio climático afecta directamente los procesos de polinización. El aumento global de la temperatura y los fenómenos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, desajustan el ciclo de vida de las plantas y los polinizadores, reduciendo la disponibilidad de recursos para estos insectos. Como consecuencia, peligra la supervivencia de las abejas y, con ello, la productividad de los cultivos. La dependencia de los polinizadores varía según el tipo de cultivo, y en los casos más extremos, su ausencia puede reducir la producción hasta en un 100%.

    Para frenar la disminución de polinizadores, se han desarrollado diversas estrategias enfocadas en la restauración de la biodiversidad. Algunas medidas incluyen el uso de control biológico para el manejo de plagas, la creación de hábitats para insectos polinizadores y la siembra de plantas alternativas que les proporcionen alimento cuando los cultivos no están en floración.

    Estas prácticas, combinadas con la reducción del uso de fitosanitarios, han demostrado ser relativamente efectivas. Sin embargo, su implementación depende de políticas gubernamentales que incentiven la diversificación de cultivos (en contraposición a los monocultivos, que limitan la dieta de las abejas) y promuevan la educación de los agricultores para fomentar prácticas más sostenibles como las anteriormente mencionadas. Junto con estas estrategias, la agricultura moderna está integrando tecnologías basadas en inteligencia artificial (IA), sensores y robótica para optimizar la polinización y mejorar la producción.

    Dentro del ecosistema agro-tecnológico israelí, por ejemplo, diversas empresas han desarrollado soluciones innovadoras para mitigar los efectos de la disminución de abejas polinizadoras y aumentar la eficiencia del proceso.

    Entre estas soluciones, se destacan sensores instalados en las colmenas, que recopilan datos sobre temperatura, humedad y acústica para monitorear el comportamiento de la colonia, mejorar su ubicación y evaluar su fortaleza. También existen colmenas robóticas con IA que detectan problemas y responden de manera automática con soluciones programadas. Además, tecnologías basadas en algoritmos, capaces de predecir el momento óptimo para la polinización según datos ambientales, así como programar las áreas a polinizar. Por otro lado, se han desarrollado soluciones basadas en robótica y mecánica. Estas tecnologías permiten analizar la calidad del polen, recolectarlo y distribuirlo uniformemente mediante sistemas de aire controlado, asegurando la cantidad necesaria para lograr la máxima eficiencia en la fecundación.

    Los polinizadores, que incluyen desde murciélagos y aves hasta diversos insectos, desempeñan un papel crucial en los sistemas de producción alimentaria y ecosistemas naturales. Las abejas en especial, se destacan como eficientes y esenciales para la producción de alimentos. Cada año, alrededor de 577,000 millones de dólares en producción mundial de alimentos dependen de las abejas, cuyo rol en la polinización es fundamental.

    La polinización no solo impulsa la biodiversidad, sino que también sustenta la producción de numerosas especies vegetales, incluidas muchas de importancia alimentaria, claves para asegurar la seguridad alimentaria del futuro.


    Daniel Werner

    Ingeniero agrónomo argentino radicado desde hace 4 décadas en Israel.

    Bio completa