Los "flatiron" porteños:
los edificios finitos de la Ciudad de Buenos Aires
Texto: Silvia Gómez
Fotos: Joaquín Castro
Texto: Silvia Gómez
Fotos: Joaquín Castro

Av. Ricardo Balbín y Lugones, Saavedra.
La Ciudad tiene casi 12.200 manzanas. Se estima que algo más del 40% de ellas son atípicas. Esta condición se representó como un desafío para el diseño de viviendas y edificios. Y así como Nueva York tiene su icónico Flatiron Building, Buenos Aires tiene los propios. Uno de los más nuevos es el Ricci Flats, del estudio A3 Luppi Ugalde Winter. Con este diseño ganaron la categoría "Vivienda Multifamiliar" de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires.

Av. Pueyrredón y Azcuénaga, Recoleta.
Uno de los más conocidos de la Ciudad. Su ubicación permitió resolver los usos privados de servicio, como una fachada "ciega", hacia Azcuénaga; y otra fachada "abierta", social, hacia la avenida. Las ventanas que miran hacia la esquina, son una auténtica representación de la forma de proa que tienen estos edificios.

Av. Rivadavia y Av. Hipólito Yrigoyen, Almagro.
Un Raggio auténtico. Como con las escuelas, el Palacio Raggio en Monserrat (Bolívar y Moreno) y con su propio museo - palacio en Vicente López, esta familia también tuvo su propio "flatiron". Fue encargado al arquitecto Gino Loisi que le sacó el jugo a la planta disponible: "Debo manifestar que me sedujo sobremanera el problema propuesto. La posición del terreno, su irregularidad y su ubicación lo presentan como una de las mejores oportunidades que pueden ofrecerse en el ejercicio de nuestra profesión", escribió en la Revista de Arquitectura de 1924.

Av. Figueroa Alcorta y Salguero, Palermo.
En una ubicación top -a metros de las torres Le Parc, del Malba y de Palermo Chico- tiene una particularidad: su proa es "ciega". ¿Un desperdicio para su ubicación? Puede ser, pero justo en la ochava se ubican los servicios. La parte más ancha de esa manzana triangular tiene sólo 16 metros; y la parte más ancha de este "flatiron", 8 metros.

Pje. Juramento y Echeverría, Belgrano.
El otro "flatiron" ciego, en el Barrio Chino. A diferencia de los otros edificios que se publican en esta nota, la esquina se mete hacia el pasaje, que ahora es peatonal y una de las zonas más concurridas del paseo Via Viva, que inicia justo en Juramento. Como en tantos otros sitios de la Ciudad, las vías que atraviesan los barrios han generado estas manzanas atípicas, muchas con parcelas triangulares. Pero pocas tan bien aprovechadas como esta.

Av. de los Incas y Av. Elcano, Colegiales.
Otra manzana atípica, desprendimiento de las vías del tren. Comparte parcela con un petit hotel transformado en clínica médica. Este edificio antecede el "ingreso" a uno de los barrios más pintorescos de la Ciudad, Belgrano R, cuya trama está conformada mayormente por casas. Y a diferencia de los ciegos, este "flatiron" aprovecha a full balcones y ventanales. Todo luz para esta proa a las vías del ferrocarril Mitre.

Av. Álvarez Thomas y Av. Combatientes de Malvinas, Villa Urquiza.
Alejada de las vías, aquí la manzana atípica se genera con la unión de dos avenidas. Buenos Aires nació como una cuadrícula perfecta. Hacia 1583 Juan de Garay -conquistador, segundo fundador de la Ciudad- repartió las tierras ubicadas en torno a lo que hoy es la Plaza de Mayo a colonos españoles. Un damero que se mantuvo casi sin alteraciones durante siglos, hasta que el crecimiento y la expansión hacia la periferia, entre otros factores, comenzó a dar lugar a otras formas de manzanas, a otras fisonomías.

Florida y Ricardo Rojas, Retiro.
Rey de reyes, el Kavanagh siempre presente. Inaugurado en 1936 fue el edificio construido en hormigón armado más alto de Latinoamérica. Icono art déco, los arquitectos Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre resolvieron con su diseño dos desafíos: adaptarlo a la topografía de la barranca y a la parcela triangular. No sólo que lo lograron con creces, sino que se transformó en la proa definitiva de la Ciudad de Buenos Aires, con el Río de la Plata como horizonte.

Maipú 1300, Retiro. Vecino ilustre del Kavanagh, la Torre Pirelli aporta una segunda proa a esta zona de la Ciudad, con el entorno de la Plaza San Martín y las estaciones centrales de los ferrocarriles que van hacia el norte. Obra del arquitecto italiano Mario Bigongiari -autor también del Teatro Coliseo-, la base del edificio es pentagonal, pero la torre es triangular. Fue la primera torre en la Ciudad en tener helipuerto. Se inauguró en la década del 70. Hoy es propiedad de IRSA.

Wenceslao Villafañe y Av. Almirante Brown, La Boca.
Conocido popularmente como "La torre del fantasma". Duendes, hongos alucinógenos, suicidios y abandonos son parte de su historia; pero más allá de los mitos, fue una construcción vanguardista, en una época en que la riqueza económica del país estaba también vinculada a la zona portuaria. Con características del modernismo catalán, el arquitecto Guillermo Álvarez sacó provecho de esta parcela y la dotó de una torre exenta que durante décadas estuvo ocupada por un atelier de artista. La obra es de 1915 y su estilo art nouveau fue perdiendo ornamentos con el paso de los años. Lo que no perdió es su grandilocuencia.

5ta Av. y calle 23, Manhattan (Estados Unidos).
El "Flatiron Building" original. Un ícono de Nueva York y una postal clásica de esa ciudad, como el Empire State, el Chrysler, el Dakota, la Biblioteca o el One World Trade Center. Hace años que se encuentra sometido a un proceso de restauración y renovación de usos; de oficinas a apartamentos de lujo. Se espera que la obra termine para 2026.
Fue inaugurado en 1902 -se construyó en un año- bajo el nombre "Fuller Building", pero fue rebautizado en honor a las planchas de hierro de la época. Tiene múltiples protecciones patrimoniales y durante años estuvo desocupado. Ahora espera una nueva vida.