Pekín es lo mismo que Beijing. Pekín es el nombre tradicional en español de la capital de China y Beijing es el nombre oficial de la ciudad según el pinyin, un sistema que utiliza el alfabeto latino para representar los sonidos de los caracteres chinos. En este artículo se usará >Beijing.
El primer día en Beijing uno se siente como un personaje de “Querida, encogí a los niños” o “Pequeña gran vida”, esa película en la que Matt Damon decide volverse chiquito para vivir mejor. La capital china es una ciudad a otra escala. Pongamos una relación de 3:1 respecto de Buenos Aires. A simple vista, los edificios son tres veces más grandes, las calles son tres veces más anchas y el recorrido de los subtes, tres veces más largos. Hay rascacielos que funcionan como brújulas. La China Zun Tower, por ejemplo, que se ve prácticamente desde cualquier punto de la ciudad.
Aunque si de ubicación se trata, Beijing es una metrópoli muy amigable. Está dividida por anillos; desde el centro -la Ciudad Prohibida y la plaza de Tiananmén- se desprenden siete grandes avenidas circulares. Un gesto arquitectónico cargado de significado. Las bicisendas son tan anchas que entran dos coches; las veredas, tan anárquicas que en ellas conviven en una extraña e inexplicable armonía personas, bicicletas y motos eléctricas.
Beijing no se oye.Ni murmullos tiene. Y si hay ruido, es blanco. No se sabe si por los autos a batería o por la gente que camina ensimismada en lo suyo. Contrariamente a lo que dicta el imaginario popular, la ciudad por momentos se siente vacía. ¡Y eso que tiene 21,8 millones de personas! Fuera de los hutongs, esos barrios milenarios llenos de pasadizos y baños públicos que mantienen intacta la historia de la urbe, todo es tan amplio que hasta parece que sobra lugar. Esa también puede ser una de las causas de su silencio.
Beijing no tiene puntos ciegos. Las cámaras de seguridad cubren cada uno de sus rincones. Es una ciudad panóptica. Hay una lente en cada esquina, en cada comercio, en cada boca de estación, en cada pasadizo. Pero tranquilos: la costumbre opera en dupla con la memoria; la paranoia no dura más que dos o tres días.
En Beijing no existe la inseguridad. Se puede dejar una cartera abierta en el banco de una plaza durante durante una hora que a la vuelta estará en su lugar. A uno como extranjero le da la sensación de que no habita en la mente de los chinos la idea de que una persona pueda robarle a la otra.
Para disfrutar sin inconvenientes, lo recomendable es siempre llevar este "kit básico de supervivencia": teléfono celular, pasaporte y bicicleta.
1) El teléfono sirve para usar AliPay y WeChat, las dos apps multiuso que le son indispensables a cualquiera que desee pertenecer a la sociedad china. Todo lugar es accesible si uno tiene un lector de QR y dinero en cuenta a mano (si se adopta el estilo de vida de un pekinés promedio podrá almorzar por 5 dólares y viajar por apenas centavos. Si se quiere dar el lujo de beber vino sudamericano o comer quesos, pan francés o carne de vaca, ahí es otro tema).
2) La bicicleta es el mejor medio de transporte para moverse. La relación practicidad-economía es perfecta. Hay una en cada esquina y la ciudad está hecha para ellas. Una buena variante es el metro, transporte amigo, intuitivo para el extranjero y que alcanza prácticamente todos los centros neurálgicos de la capital. Si uno tiene apuro, viajar en DiDi no es una opción viable porque durante el día casi siempre suele haber mucho tránsito.
3) El pasaporte es el documento que todo extranjero debe tener sí o sí en su cartera. La policía no lo detendrá. Primero, por ser extranjero; segundo, porque su política es la de la pasividad. De ahí que los agentes usan guantes blancos como símbolo de no querer mancharse las manos. En caso de tener que conversar con un oficial no hay nada que el traductor no pueda resolver. Los pasamanos de teléfono entre pekineses y turistas son comunes.
De yapa, un “mini-diccionario esencial”: aprenda estas palabras clave y todo irá bien: xie xie (Gracias), ni hao (hola), bai bai (chau), yī( uno), èr (dos), sān (tres), Āgēntíng (argentino), Zhongguo (China).
Con estos consejos no hay dudas de que su estancia en la capital más veloz del mundo será un éxito. Sigamos caminando.