Cómo entender a China

La experiencia de dos periodistas de Clarín que vivieron 8 meses en un país que va a la velocidad de la luz

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Nicolás Mancini

Hernán Russo

Un par de argentinos respiraron el día a día del gigante asiático en diferentes momentos del año. Viajaron sin saber con qué se iban a encontrar y regresaron asombrados. Estos son los secretos para adaptarse lo más rápido posible a la cotidianeidad de una sociedad vertiginosa que vive en el futuro sin olvidar el pasado.

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Un argentino llega a China

VISA

¿hace falta?

VISA
¿Hace falta?

Hasta el 31 de mayo de 2026, si tenés pasaporte de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay y vas a viajar por motivos de negocios, turismo, visita familiar, intercambio o tránsito podrás ingresar por no más de 30 días sin tramitar visado. Hay más info en el sitio web de la embajada.

Plata

¿Cuánto llevo?

Plata
¿Cuánto llevo?

Sin contar alojamiento ni pasaje, 300 RMB (40-45 US$) por día te deberían alcanzar para desayunar, almorzar, cenar y usar el transporte público. Aunque el uso de las apps de pago es la norma, todavía los comercios aceptan efectivo, ya sean en dólares o renminbi (RMB).

alojamiento

Dónde parar

Alojamiento
Dónde parar

Para alquileres locales vale revisar los sitios: CTrip, Ziroom y Lianjia. Están en chino mandarín (nada que el traductor de una computadora no pueda resolver). En sitios como CTrip se pueden conseguir hoteles pero también, por ejemplo, boletos de tren.

Digital

Descargá estas apps

Digital
Descargá estas apps

  • WeChat y AliPay: mensajería y pago.
  • Un traductor.
  • Un VPN: puede ser Astrill, Let’s VPN o Nord VPN.
  • DiDi (versión china): movilidad
  • DeepSeek: Inteligencia Artificial (IA)
  • Mapas: puede ser el de iPhone o Amap.

El vuelo

Preparate, es eteeeerno

El vuelo
Preparate, es eteeeerno

Son aproximadamente 40 horas de vuelo desde Buenos Aires hasta Beijing. Generalmente hay una parada técnica y una escala.

Compras

Contemplá llevar un bolso vacío

Compras
Contemplá llevar un bolso vacío

Comprar en China muchas veces es más barato que hacerlo en Argentina. Si tenés pensado stockearte de ropa o tecnología vas a necesitar espacio, así que te recomendamos llevar un bolso o, en su defecto, comprar una valija en algún shopping.

Clima

O mucho frío o mucho calor

Clima
O mucho frío o mucho calor

Tené en cuenta que el verano es muy, pero muy caluroso y el invierno, muy pero muy frío.

Aeropuerto

Más fácil de lo que parece

Aeropuerto
Más fácil de lo que parece

Los aeropuertos de las grandes ciudades te van a llevar adonde tengas que ir. Las señalizaciones están en chino mandarín y en inglés. Vas a ver muchas cámaras: no te abrumes, es normal. Tené siempre a mano tu pasaporte.

idioma

Idioma

Todo bajo control

Idioma
Todo bajo control

En general los chinos no hablan inglés fluido. Mucho menos español. Sobre todo los adultos. Sin embargo, ese no será un problema en el aeropuerto, donde la mayoría del personal local sí lo hace.

Jet lag

No es tan grave

Jet lag
No es tan grave

El jet lag existe. Se estima un día de recuperación por cada zona horaria cruzada al viajar hacia el este y China está 11 horas por delante de BSAS. Aguantá el sueño en el día e intentá dormir en tu horario habitual. Pueden haber siestas eternas o noches breves inesperadas. A la vuelta es más fácil.

Movilidad

Pedite un auto

Movilidad
Pedite un auto

Lo mejor es ir hasta tu alojamiento en coche. Para pedir un DiDi, copiá y pegá la dirección del lugar adonde vayas. Si la app te pide un código mostráselo al chofer.

Llegaste

¿Y ahora?

Llegaste
¿Y ahora?

La policía, los comerciantes y los transeúntes casi siempre van a estar predispuestos a ayudar al extranjero. Para eso llevá siempre el pasaporte a mano. Es tu documento. Una vez que te instalás podés comprar un chip de celular, que puede ser de la empresa China Unicom.

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El día a día en Beijing

Una panorámica de Beijing.

Vista nocturna desde el río Liangma, en Beijing.

El frente de un baño público en un hutong de la capital.

La Plaza de Tiananmén. De fondo, el retrato de Mao Zedong.

Un laberíntico centro comercial de Beijing.

Pekín es lo mismo que Beijing. Pekín es el nombre tradicional en español de la capital de China y Beijing es el nombre oficial de la ciudad según el pinyin, un sistema que utiliza el alfabeto latino para representar los sonidos de los caracteres chinos. En este artículo se usará >Beijing.

El primer día en Beijing uno se siente como un personaje de “Querida, encogí a los niños” o “Pequeña gran vida”, esa película en la que Matt Damon decide volverse chiquito para vivir mejor. La capital china es una ciudad a otra escala. Pongamos una relación de 3:1 respecto de Buenos Aires. A simple vista, los edificios son tres veces más grandes, las calles son tres veces más anchas y el recorrido de los subtes, tres veces más largos. Hay rascacielos que funcionan como brújulas. La China Zun Tower, por ejemplo, que se ve prácticamente desde cualquier punto de la ciudad.

Aunque si de ubicación se trata, Beijing es una metrópoli muy amigable. Está dividida por anillos; desde el centro -la Ciudad Prohibida y la plaza de Tiananmén- se desprenden siete grandes avenidas circulares. Un gesto arquitectónico cargado de significado. Las bicisendas son tan anchas que entran dos coches; las veredas, tan anárquicas que en ellas conviven en una extraña e inexplicable armonía personas, bicicletas y motos eléctricas.

Beijing no se oye.Ni murmullos tiene. Y si hay ruido, es blanco. No se sabe si por los autos a batería o por la gente que camina ensimismada en lo suyo. Contrariamente a lo que dicta el imaginario popular, la ciudad por momentos se siente vacía. ¡Y eso que tiene 21,8 millones de personas! Fuera de los hutongs, esos barrios milenarios llenos de pasadizos y baños públicos que mantienen intacta la historia de la urbe, todo es tan amplio que hasta parece que sobra lugar. Esa también puede ser una de las causas de su silencio.

Beijing no tiene puntos ciegos. Las cámaras de seguridad cubren cada uno de sus rincones. Es una ciudad panóptica. Hay una lente en cada esquina, en cada comercio, en cada boca de estación, en cada pasadizo. Pero tranquilos: la costumbre opera en dupla con la memoria; la paranoia no dura más que dos o tres días.

En Beijing no existe la inseguridad. Se puede dejar una cartera abierta en el banco de una plaza durante durante una hora que a la vuelta estará en su lugar. A uno como extranjero le da la sensación de que no habita en la mente de los chinos la idea de que una persona pueda robarle a la otra.

Para disfrutar sin inconvenientes, lo recomendable es siempre llevar este "kit básico de supervivencia": teléfono celular, pasaporte y bicicleta.

1) El teléfono sirve para usar AliPay y WeChat, las dos apps multiuso que le son indispensables a cualquiera que desee pertenecer a la sociedad china. Todo lugar es accesible si uno tiene un lector de QR y dinero en cuenta a mano (si se adopta el estilo de vida de un pekinés promedio podrá almorzar por 5 dólares y viajar por apenas centavos. Si se quiere dar el lujo de beber vino sudamericano o comer quesos, pan francés o carne de vaca, ahí es otro tema).

2) La bicicleta es el mejor medio de transporte para moverse. La relación practicidad-economía es perfecta. Hay una en cada esquina y la ciudad está hecha para ellas. Una buena variante es el metro, transporte amigo, intuitivo para el extranjero y que alcanza prácticamente todos los centros neurálgicos de la capital. Si uno tiene apuro, viajar en DiDi no es una opción viable porque durante el día casi siempre suele haber mucho tránsito.

3) El pasaporte es el documento que todo extranjero debe tener sí o sí en su cartera. La policía no lo detendrá. Primero, por ser extranjero; segundo, porque su política es la de la pasividad. De ahí que los agentes usan guantes blancos como símbolo de no querer mancharse las manos. En caso de tener que conversar con un oficial no hay nada que el traductor no pueda resolver. Los pasamanos de teléfono entre pekineses y turistas son comunes.

De yapa, un “mini-diccionario esencial”: aprenda estas palabras clave y todo irá bien: xie xie (Gracias), ni hao (hola), bai bai (chau), yī( uno), èr (dos), sān (tres), Āgēntíng (argentino), Zhongguo (China).

Con estos consejos no hay dudas de que su estancia en la capital más veloz del mundo será un éxito. Sigamos caminando.

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A estos lugares tenés que ir sí o sí

(hacé click en las estrellas)

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Tecnología
que abruma:
¿Qué año es?

Un ejemplar disponible en la World Robot Conference 2024.

Los humanoides son tendencia en el mundo de la robótica.

El volante de un auto electrónico que puede circular sin chofer.

Muchos robots son usados como “asistentes” en hoteles.

Los juegos de luces son moneda corriente en los museos.

China puede fabricar todos los productos del mundo. En tecnología, cuenta con celulares propios, televisores propios, autos propios, IA propia. Todo de calidad. Es el segundo mayor inversor de ella en el planeta y desde hace años lidera la cantidad de publicaciones en revistas científicas indexadas.

En un año -2023- llegó a presentar más de 1,5 millones de solicitudes de patentes ante su oficina nacional. Y sus laureles no pasan desapercibidos en la cotidianeidad. Su red 5g, la más grande del globo, permite la conectividad en cualquier parte del territorio; su mercado de robots industriales, el mayor de todos, se traduce en una elevada velocidad de producción; sus coches eléctricos BYD ya superaron a Tesla en ventas globales; sus más de 1.000 startups de IA dan lugares a ciudades cada vez más inteligentes.

Si algún día los autos vuelan, en China lo harán primero.

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Comer es más fácil de lo que parece

Noodles
Noodles

Noodles

Como el genio de la lámpara, al mencionar la palabra “noodles” (fideos largos, en inglés) en una cantina, probablemente aparezca un exquisito plato de sopa de fideos o de fideos salteados con vegetales o carne, y a muy buen precio.

Chau Fan con pollo y zanahorias
Hot pot

Hot pot

Ir a un hot pot significa sentarse alrededor de una mesa con una enorme olla de agua hirviendo en el centro y pedirle al camarero productos crudos para cocinarlos allí. En la mayoría de los casos, esos alimentos se embeben en salsas que uno previamente prepara.

Chau Fan con pollo y zanahorias
Barbacoa

Barbacoa

Es la parrilla china. Generalmente se aprovecha de manera individual; en algunos casos es presentada como la típica parrillada argentina, pero con la diferencia de que uno es quien debe cocinar los productos, y en otros está incorporada en la mesa.

Sopa de pescado y arroz
Sopa de pescado y arroz

Sopa de pescado y arroz

Es la representación de todos los platos chinos que vienen acompañados de sopas y arroz. Está disponible en cualquier cantina a un precio accesible.

Pinchos
Pinchos

Pinchos

El “choripán” chino. Los pinchos de carne asada son típicos en las calles de Beijing. Se comen al paso y los chefs los preparan en el momento. Suelen aparecer en avenidas céntricas que bordean los hutongs. Ojo: algunos pueden ser muy picantes.

Pato pekinés
Pato pekinés

Pato pekinés

El pato laqueado es la comida típica de Beijing. Es un despropósito irse de la ciudad sin haberlo probado.

Dumplings
Dumplings

Dumplings

Están disponibles en cualquier cantina y con varios tipos de rellenos. Muchas veces la personas antes de comerlos les muerden un extremo y absorben su jugo.

Tofu
Tofu

Tofu

El camaleón de las comidas chinas. Este alimento local hecho a base de soja puede aparecer como acompañamiento en distintas formas y tamaños en prácticamente todas las comidas chinas habidas y por haber.

En China comer como un chino es lo más práctico. ¿Por qué esta aclaración que, a priori, puede parecer absurda? Porque si se emula la dieta del local todo es más fácil de conseguir y muchísimo más barato. Si se elige alimentarse a lo turista, comer una milanesa, tomar helado italiano o comprar hamburguesas se puede complicar. El tema es que el visitante pueda adaptarse bien a ello (la mayoría lo hace).

China es tan grande que tiene 8 (¡ocho!) tipos de gastronomías, algunas más o menos parecidas a la argentina. Ellas representan la cultura del país. Hay sabores de todo tipo: en Sichuan se encuentra la comida más picante (nadie podrá zafar de ello a menos que viva a base de arroz); en Cantón hay sabores amigables, carnes y técnicas varias (es la más conocida a nivel internacional y la más semejante a la latinoamericana); en Beijing abundan los platos refinados y los sabores del norte.

El arroz, el tofu y la sopa son la santísima trinidad de casi todas ellas. No faltan en prácticamente ningún plato. En la comida local no hay cronologías: el postre y el café llegan junto con la entrada y el plato principal.

Un argentino debe saber que no es tan fácil conseguir -como en Latinoamérica- quesos, vinos y carne de vaca. Pizzas, pastas y gelatos artesanales (no confundir con helados, que en China son como los de McDonald’s) asoman en las grandes ciudades, pero a veces son el triple de caros que los platos comunes. Vale aclarar dos cosas:
1) Mucha de la comida china que llega a Argentina está intervenida por la gastronomía norteamericana;
2) Obviamente, allá es todo con palillos.

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Para pasar
el rato

Una cancha pública de básquet con estándares NBA.

Una serie de máquinas para extraer juguetes en un centro comercial.

Dos pandas descansan en la Base de investigación de cría de pandas gigantes en Chengdu.

El interior de Kubrick, una librería de cine en el corazón de Beijing.

¿Cómo se divierten los chinos? Esa es una pregunta cuya respuesta es difícil de imaginar para cualquiera que no haya estado en China.

En el imaginario social occidental parecería ser que los chinos no tienen consumos culturales, y es lógico: a los cines argentinos y a las plataformas no llega ninguna película o serie de ese país. Lo mismo pasa con los libros y la música. En Buenos Aires, el único lugar en donde suenan canciones chinas es en los supermercados o en los bazares. Pero la respuesta puede que también esté en la cultura.

China tiene una industria del entretenimiento y sus ciudadanos realizan actividades de dispersión muy propias, tanto que la gran mayoría no cruza el meridiano de Greenwich. El ping pong, el jianzi (juego tradicional en el que los jugadores intentan mantener una pluma en el aire utilizando el cuerpo, generalmente los pies), el bádminton, el Tai Chi y las coreografías multitudinarias dominan los parques; el cine comercial histórico y las series de amor copan las pantallas; símbolos de la mitología local, con el Rey Mono a la cabeza, se cuelan en cada atracción turística; priman las bandas de música autóctonas por sobre los internacionales; las calles están atiborradas de locales de karaoke; la gente juega a la lotería más por ocio que por plata.

Los chinos, casi rindiéndole tributo a su ying y yang, equilibran su energía a través de estas expresiones.

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Derribando
mitos

Mejor no hablar de ciertas cosas. En parte sí y en parte no.

Ningún diálogo está prohibido, pero queda en uno decidir si poner incómodo a un local o no. Política, religión y sexo, los tres temas del mundo, son, en ese orden, difíciles de desarrollar en cualquier charla cotidiana. Los chinos no se preguntan cosas en voz alta, pero las preguntas sobre China son infinitas. La mayoría proviene del misterio que genera el día a día en ese país, principalmente porque los medios de comunicación occidentales no suelen adentrarse en ese terreno. ¿Qué pasa con las drogas? ¿Hay locales bailables? ¿La homosexualidad es legal? ¿La policía te detiene en las calles? ¿El idioma hace todo imposible? ¿Es fácil moverse por la ciudad? ¿Qué tan seguro es el país? ¿Comen perros? ¿Hay caras de Mao por todos lados?

Vayamos una por una:

¿Qué pasa con las drogas? Están terminantemente prohibidas.

¿Hay locales bailables? Sí, y están llenos de extranjeros. Lo más curioso es que suenan reggaetón y remixes en inglés de la década pasada.

¿La homosexualidad es legal? Sí. Lo es desde 1997, no así el casamiento entre personas del mismo sexo.

¿El idioma hace todo imposible? No. La gente está muy acostumbrada a usar el traductor del teléfono.

¿Es fácil moverse por la ciudad? Sí. Es barato acceder al sistema de transporte público, las señalizaciones son claras y están en pinyin (el alfabeto occidental) y en inglés. Por lo menos en Beijing, el trazado urbano de la ciudad ayuda: sus enormes circunvalaciones que convierten a la capital en un enorme tablero de ajedrez hacen que sea imposible perderse.

¿Qué tan seguro es el país? Muy. Los chinos no tienen incorporada la idea de que un compatriota puede robarle cosas a otro.

¿Comen perros? No fuimos testigos de ningún banquete canino.

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Algunas reflexiones

Russo
La eficiencia está en todos lados, incluso en lo invisible. Un día me perdí en una ciudad sin turistas. Pedí ayuda en chino rudimentario. En diez minutos, cuatro personas me tradujeron, me buscaron en su celular y me acompañaron al hotel. No querían propina. Querían que yo llegara bien. Pensé en cuántas veces en Occidente confundimos rapidez con frialdad. En China, la eficacia es una forma de hospitalidad. No se nota, pero te abraza.

Nico
El chino es tenaz. Trabaja, trabaja y trabaja. Y lo hace por él, sí, pero también por la patria. “¿Crees en Dios?”, le pregunté a una clienta en la cafetería a la que iba todos los días. “Party is my religion” (‘El Partido es mi religión’), me contestó.

Russo
No vi sonrisas falsas. Los chinos sonríen cuando tienen algo para decir, no para agradar. Esa sobriedad emocional al principio me incomodó, pero luego la entendí como honestidad cultural. La felicidad no está en la carcajada sino en lo simple: el plato caliente, el paseo nocturno, el juego de mesa en la vereda. Ahí comprendí que la alegría en China es silenciosa, y no por eso menos profunda.

Nico
La sociedad china se entiende con el tiempo. No bastan quince días para comprender su funcionamiento. Los planos de sus construcciones mentales -como me adelantó el exembajador Diego Guelar antes del viaje- son indescifrables.

Russo
Jamás cerré la puerta con llave. China me enseñó que la seguridad no se discute, se respira. Una señora dejó su celular en la mesa del restaurante durante una hora. Volvió. Nadie lo tocó. En el país más poblado del mundo, el control social es más efectivo que una reja. Y ahí entendí que el orden no siempre asfixia: a veces, da paz.

Nico
Un día iba caminando por la calle y vi rastros de sangre. Al rato me enteré que era un loco que había atropellado a un grupo de personas (nunca imaginé otra cosa, ya que los robos, al menos en la capital, son prácticamente inexistentes). Hablé con un local sobre la salud mental y rápidamente caí en la cuenta de que en China ir al psicólogo todavía es tabú.

Russo
Los adultos mayores bailan en las plazas como si tuvieran veinte. No es metáfora. Son las 7 de la mañana y ya están ahí: coreografías sincronizadas, música pop a todo volumen, y una vitalidad que incomoda. ¿En qué momento los nuestros dejaron de moverse? Les pregunté a unos abuelos por qué bailaban todos los días. Me miraron con sorpresa. “¿Y por qué no?”, respondieron. En China envejecer no parece una tragedia, sino una oportunidad para recuperar el cuerpo.

Nico
¡Qué bien se visten los chinos! Sobre todo las mujeres. Ellas se preocupan muchísimo por su imagen. En sus expresiones más radicales, algunas caminan con la cara maquillada íntegramente de blanco, casi como si fueran parte de un live action de algún efecto de Instagram, o cambian todos los días de lentes de contacto. No es raro -de hecho es común- ver a una conocida un día con los ojos grises y al otro con los ojos verdes. En sus manifestaciones más aduladas, prima una elegancia surgida de la combinación de lo simple, lo holgado, lo liso y los colores oscuros.