El café está presente en la vida cotidiana de la Argentina. Y desde hace mucho tiempo. Esta infusión que la “madre Italia” exportó a todo occidente y que en otras culturas se consume de las formas más variadas, no viene de la propia tierra como el mate, pero quién pondría en duda a esta altura que forma parte de la tradición nacional. Aquí, es además un símbolo de unión y encuentro. No por nada cuando alguien quiere proponer una reunión dice algo así como: “¿A ver cuándo nos juntamos a tomar un café?”.
Esta serie de notas, además de un aporte para poder disfrutar del café más rico en la mejor taza, es una forma de reconocerle a esta maravillosa y aromática infusión ese lugar tan importante en la identidad argentina. Y de rendirle homenaje.
Mundo CaféLa anticipación comienza con el aroma: al acercar la taza o el molinillo se percibe una bocanada que adelanta notas florales, herbáceas o picantes. La observación del color y el brillo de la superficie aporta datos sobre el tueste y la limpieza del café, mientras que la textura y la temperatura influyen en la percepción inmediata al llevar la taza a la boca.
En la lengua, el café combina amargor, acidez, dulzor y salinidad; los catadores señalan que la dilución en saliva revela matices adicionales. Comprender cómo interactúan estos factores ayuda a identificar defectos y virtudes y a elegir métodos de preparación que potencien las cualidades deseadas del grano.
CafeOlfato: la primera señal
El olfato ofrece la primera impresión y, a menudo, la más intensa. Basta abrir un frasco lleno de granos para sentir esa bocanada de aroma inconfundible. Ese estímulo anticipa lo que luego se sentirá en el paladar y orienta al degustador sobre el perfil del café.
Los catadores definen aromas como “estimulante”, “floral”, “fresco”, “herbáceo” o “picante”, y evitan términos negativos como “plano” o “mohoso”. Este vocabulario ayuda a comunicar hallazgos y a comparar lotes o preparaciones en una cata formal.
En la práctica, oler antes de probar permite identificar si el café presenta limpieza aromática o si muestra defectos. Por tanto, el olfato funciona como filtro inicial para decidir si la taza merece una evaluación más profunda.
Vista y tacto: señales visibles y térmicas
La observación del color aporta información sobre el tipo de tueste y parte de la calidad. Un color que va del negro profundo al castaño claro indica distintos puntos de tueste; un café brillante y nítido sugiere buena extracción frente a uno turbio o apagado.
El tacto interviene desde el envase hasta la taza. La temperatura del líquido modifica la percepción de los sabores y las texturas; los baristas recomiendan que la bebida esté entre 65 °C y 55 °C para disfrutarla plenamente y para que surjan nuevas notas a medida que enfría.
Además, la sensación en boca —cuerpo, viscosidad, astringencia— complementa lo que muestran la vista y el olfato. Esa tríada visual-táctil-olfativa facilita una lectura más completa de la taza antes y después del primer sorbo.
Gusto y diccionario del aroma para la cata
En la lengua se combinan los cuatro factores del sabor: amargo, ácido, dulce y salado. Los catadores destacan que la experiencia cambia al mezclar el café con saliva, ya que la dilución permite que afloren matices que no se detectan al primer contacto.
El diccionario del aroma es una herramienta práctica para describir perfiles: términos como “floral” o “picante” ayudan a categorizar las sensaciones y a comparar resultados entre diferentes granos y métodos de preparación. Ese vocabulario contribuye a la precisión durante la cata.
Entender cómo cada sentido aporta información es clave para quienes se inician en la cata: orienta la selección de granos, la molienda y la temperatura de servicio, y permite reconocer tanto cualidades como defectos en una taza
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