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China detrás de la Muralla

Como sobrevivir (y disfrutar) en un país que anda a la velocidad de la luz

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Dos periodistas de Clarín vivieron cuatro meses en el gigante asiático en diferentes momentos del año. Viajaron sin saber con qué se iban a encontrar y regresaron asombrados. Estos son los secretos para adaptarse lo más rápido posible al día a día de una sociedad vertiginosa que vive en el futuro sin olvidar el pasado.

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Un argentino llega a China

VISA

¿hace falta?

VISA
¿hace falta?

Hasta el 31 de mayo de 2026, si tenés pasaporte de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay y vas a viajar por motivos de negocios, turismo, visita familiar, intercambio o tránsito podrás ingresar por no más de 30 días sin tramitar visado. Hay más info en el sitio web de la embajada.

Plata

¿Cuánto llevo para el día?

Plata
¿Cuánto llevo para el día?

Sin contar alojamiento ni pasaje, 300 RMB (40-45 US$) por día te deberían alcanzar tranquilamente para desayunar, almorzar, cenar y usar el transporte público sin abusar de nada de ello. Aunque el uso de las apps de pago es la norma, todavía los comercios aceptan efectivo, ya sean en dólares o yuanes.

alojamiento

Dónde parar

Alojamiento
Dónde parar

Para alquileres locales vale revisar los sitios: 58.com, CTrip, Ziroom y Lianjia. Eso sí, están en chino mandarín. Nada que el traductor de una computadora no pueda resolver. En sitios como CTrip se pueden conseguir hoteles pero también, por ejemplo, boletos de tren.

Digital

Descargá estas apps antes de salir de Argentina

Digital
Descargá estas apps antes de salir de Argentina

  • WeChat y AliPay.
  • Un traductor.
  • VPN (Astrill, Let 's VPN, NordVPN)
  • DiDi (versión China).
  • DeepSeek.
  • Mapas. (iPhone, Amap)

El vuelo

Preparate, es eteeeerno

El vuelo
Preparate, es eteeeerno

En mi experiencia personal fueron aproximadamente 40 horas de vuelo desde Buenos Aires hasta Beijing (con una parada técnica en San Pablo y una escala de 4 horas en Estambul).

Compras

Contemplá llevar un bolso vacío

Compras
Contemplá llevar un bolso vacío

Comprar en China muchas veces es más barato que hacerlo en Argentina. Si tenés pensado stockearte de ropa o tecnología vas a necesitar espacio, así que te recomendamos llevar un bolso o, en su defecto, comprar una valija en algún shopping.

Clima

Llevá un pullover y una malla

Clima
Llevá un pullover y una malla

Si vas en verano hará MUCHO calor y si vas en invierno hará MUCHO frío.

Aeropuerto

Más fácil de lo que parece

Aeropuerto
Más fácil de lo que parece

El aeropuerto prácticamente te va a llevar solo donde tengas que ir. Las señalizaciones están en chino mandarín y en inglés. Vas a ver muchas cámaras: no te abrumes. Es normal. Tené siempre a mano tu pasaporte y DNI.

idioma

Idioma

Todo bajo control

Idioma
Todo bajo control

En general los chinos no hablan inglés fluido. Mucho menos español. Sobre todo los adultos. Sin embargo, ese no será un problema en el aeropuerto, donde la mayoría del personal local sí lo hace.

Jet lag

No es tan grave

Jet lag
No es tan grave

El jet lag existe. El mejor consejo que se le puede dar a alguien que viaja por primera vez a China es que aguante lo máximo posible el sueño durante el día e intente dormir en su horario habitual. Puede haber siestas eternas o noches breves inesperadas. La situación se normaliza a los pocos días.

Movilidad

Pedite un auto

Movilidad
Pedite un auto

Para pedir un DiDi, copiá y pegá la dirección del lugar adonde vayas. Si la app te pide un código mostráselo al chofer (lo mismo si el conductor te pide los últimos cuatro números de tu teléfono: escribilos en un mensaje cualquiera y mostráselos).

Llegaste

¿Y ahora?

Llegaste
¿Y ahora?

Sos extranjero. En China, la policía, los comerciantes y los transeúntes casi siempre van a estar predispuestos a ayudarte. Para eso lleva siempre el pasaporte a mano. Una vez que te instales podés comprar un chip de celular. En mi caso usé uno de la empresa China Unicom.

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El día a día

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El primer día en Beijing uno se siente como un personaje de Querida, encogí a los niños o Pequeña gran vida, esa película en la que Matt Damon decide volverse chiquito para vivir mejor. La capital china es una ciudad a otra escala. Pongamos una relación de 3:1 respecto de Buenos Aires.

A simple vista, los edificios son tres veces más grandes, las calles son tres veces más anchas y el recorrido de los subtes, tres veces más largos. Hay rascacielos que funcionan como brújulas. La Torre Citic, por ejemplo, se ve prácticamente desde cualquier punto de la ciudad y eso a uno le sirve para ubicarse.

Aunque si de ubicación se trata, Beijing es una metrópoli muy amigable. Está dividida por anillos; desde el centro -la Ciudad Prohibida y la plaza de Tiananmén- se desprenden siete grandes avenidas circulares. Un gesto arquitectónico cargado de significado. Las bicisendas son tan anchas que entran dos coches; las veredas, tan anárquicas que en ellas conviven en una extraña e inexplicable armonía personas, bicicletas y motos eléctricas.

Beijing no se oye. Ni murmullos tiene. Y si hay ruido, es blanco. No se sabe si por los autos a batería o por la gente que camina ensimismada en lo suyo. Quizás es una acumulación de todo. Contrariamente a lo que dicta el imaginario popular, desde este lugar se puede afirmar que es una ciudad que por momentos parece vacía. ¡Y eso que tiene 21,8 millones de personas! Fuera de los hutongs, esos barrios milenarios llenos de pasadizos y baños públicos que mantienen intacta la Historia de la urbe, todo es tan amplio que da la sensación de que sobra lugar. Esa también puede ser una de las causas de su silencio.

Beijing no tiene puntos ciegos. Las cámaras de seguridad cubren cada uno de sus rincones. Es una ciudad panóptica. Hay una lente en cada esquina, en cada comercio, en cada boca de estación, en cada pasadizo. Pero tranquilos: la costumbre opera en dupla con la memoria; la paranoia no dura más que dos o tres días.

Beijing no tiene inseguridad. Se han hecho pruebas: este medio dejó a propósito un bolso abierto en el banco de una plaza durante largo rato para ver qué pasaba. Quien les escribe se fue del parque, volvió después de una hora y descubrió todo en su lugar, tal cual lo había dejado. Y así, varios ejemplos. A uno como extranjero le da la sensación de que no habita en la mente de los chinos la idea de que una persona pueda robarle a la otra.

Se recomienda el siguiente kit de supervivencia: teléfono celular, pasaporte y bicicleta.

1) El teléfono sirve para usar AliPay y WeChat, las dos apps multiuso que le son indispensables a cualquiera que desee pertenecer a la sociedad china. Todo lugar es accesible si uno tiene un lector de QR y dinero en cuenta a mano (si se adopta el estilo de vida de un pekinés promedio podrá almorzar por 5 dólares y viajar por apenas centavos. Si se quiere dar el lujo de beber vino sudamericano o comer quesos, pan francés o carne de vaca, ahí es otro tema).

2) La bicicleta es el mejor medio de transporte para moverse. La relación practicidad-economía es perfecta. Hay una en cada esquina y la ciudad está hecha para ellas. El primer día en bicicleta uno está con el WiFi encendido; al décimo ese mismo ya goza de las habilidades de Lance Armstrong. Una buena variante es el metro, transporte amigo, intuitivo para el extranjero, que alcanza prácticamente todos los centros neurálgicos de la capital. Si uno tiene apuro, viajar en DiDi no es una opción viable.

3) El pasaporte es el documento que todo extranjero debe tener sí o sí en su cartera. La policía no lo detendrá. Primero, por ser extranjero; segundo, porque su política es la de la pasividad. De ahí que los agentes usan guantes blancos como símbolo de no querer mancharse las manos. En caso de tener que conversar con un oficial -y esto se traslada a cualquier situación cotidiana como por ejemplo la de pedir una verdura- no hay nada que el traductor no pueda resolver. Los pasamanos de teléfono entre pekineses y turistas son comunes. En el más extremo de los casos, apréndase las palabras clave: xie xie (Gracias), ni hao (hola), bai bai (chau), i (uno), ar (dos), san (tres).

Con estos consejos no hay dudas de que su estancia en la capital más veloz del mundo será un éxito. Sigamos caminando.

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A estos lugares tenés que ir sí o sí

(hacé click en las estrellas)

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Tecnología
que abruma:
¿Qué año es?

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China puede fabricar todos los productos del mundo. En tecnología cuenta con celulares propios, televisores propios, autos propios, IA propia. Todo de calidad.

Es el segundo mayor inversor en ese área del planeta y desde hace años lidera la cantidad de publicaciones en revistas científicas indexadas. En un año -2023- llegó a presentar más de 1,5 millones de solicitudes de patentes ante su oficina nacional. Y sus laureles no pasan desapercibidos en la cotidianeidad. Su red 5g, la más grande del globo, permite la conectividad en cualquier parte del territorio; su mercado de robots industriales, el mayor de todos, se traduce en una elevada velocidad de producción; sus coches eléctricos BYD ya superaron a Tesla en ventas globales; sus más de 1.000 startups de IA dan lugares a ciudades cada vez más inteligentes.

Si algún día los autos vuelan, en China lo harán primero.

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Comer es más fácil de lo que parece

Noodles
Noodles

Noodles

Sí, son noodles, no fideos. Como el genio de la lámpara, al mencionar esa palabra en cualquier cantina posiblemente aparezca en cinco o diez minutos un plato de sopa de fideos o uno de fideos salteados con vegetales o carne. Generalmente son largos y más o menos resistentes a la mordida.

Chau Fan con pollo y zanahorias
Hot pot

Hot pot

El hot pot es una experiencia que todo extranjero que visite China debe vivir. Ir a uno de ellos significa sentarse alrededor de una mesa con una enorme olla de agua hirviendo en el centro y pedirle al camarero productos crudos para cocinarlos allí. En la mayoría de los casos, esos alimentos se embeben en salsas que uno previamente prepara.

Chau Fan con pollo y zanahorias
Barbacoa

Barbacoa

Es la parrilla china. Generalmente se aprovecha de manera individual; en algunos casos es presentada como la típica parrillada argentina, pero con la diferencia de que uno es quien debe cocinar los productos, y en otros está incorporada en la mesa.

Sopa de pescado y arroz
Sopa de pescado y arroz

Sopa de pescado y arroz

Es la representación de todos los platos chinos que vienen acompañados de sopas y arroz. Está disponible en cualquier cantina a un precio accesible.

Pinchos
Pinchos

Pinchos

El “choripán” chino. Los pinchos de carne asada son típicos en las calles de Beijing. Se comen al paso y los chefs los preparan en el momento. Suelen aparecer en avenidas céntricas que bordean los hutongs. Ojo: algunos pueden ser muy picantes.

Pato pekinés
Pato pekinés

Pato pekinés

El pato laqueado es la comida típica de Beijing. Es un despropósito irse de la ciudad sin haberlo probado.

Dumplings
Dumplings

Dumplings

Están disponibles en cualquier cantina y con varios tipos de rellenos. Muchas veces las personas antes de comerlos les muerden un extremo y absorben su jugo.

Tofu
Tofu

Tofu

El camaleón de las comidas chinas. Este alimento local hecho a base de soja puede aparecer como acompañamiento en distintas formas y tamaños en prácticamente todas las comidas chinas habidas y por haber.

En China comer como un chino es lo más práctico. ¿Por qué esta aclaración que, a priori, puede parecer absurda? Porque si se emula la dieta del local todo es más fácil de conseguir y muchísimo más barato. Si se elige alimentarse a lo turista, la cosa se puede complicar. Esto es: comer una milanesa, tomar helado italiano, comprar hamburguesas. El tema es que el visitante pueda adaptarse bien a ello (la mayoría lo hace).

China es tan grande que tiene 8 (¡ocho!) tipos de gastronomías, algunas más o menos parecidas a la argentina. Ellas representan la cultura del país. Hay sabores de todo tipo: en Sichuan se encuentra la comida más picante (nadie podrá zafar de ello a menos que viva a base de arroz); en Cantón hay sabores amigables, carnes y técnicas varias (es la más conocida a nivel internacional y la más semejante a la latinoamericana); en Beijing abundan los platos refinados y los sabores del norte.

El arroz, el tofu y la sopa son la santísima trinidad de casi todas ellas. No faltan en prácticamente ningún plato. En la comida local no hay cronología: el postre y el café llegan al mismo tiempo que la entrada y el plato principal.

Un argentino debe saber que no es tan fácil conseguir -como en Latinoamérica- quesos, vinos y carne de vaca. Pizzas, pastas y gelatos artesanales (no confundir con helados, que en China son como los de McDonald’s) asoman en las grandes ciudades, pero a veces son el triple de caros que los platos comunes.
Vale aclarar dos cosas:
1) mucha de la comida china que llega a Argentina está intervenida por la gastronomía norteamericana;
2) obviamente, allá es todo con palillos.

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Para pasar
el rato

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¿Cómo se divierten los chinos? Esa es una pregunta cuya respuesta es difícil de imaginar para cualquiera que no haya estado en China.

En el imaginario social occidental parecería ser que los chinos no tienen consumos culturales, y es lógico: a los cines argentinos y a las plataformas no llega ninguna película o serie de ese país. Lo mismo pasa con los libros y la música. En Buenos Aires, el único lugar en donde suenan canciones chinas es en los supermercados o en los bazares. Pero la respuesta puede que también esté en la cultura.

China tiene una industria del entretenimiento y sus ciudadanos realizan actividades de dispersión muy propias, tanto que la gran mayoría no cruza el meridiano de Greenwich. El ping pong, el jianzi, el bádminton, el Tai Chi y las coreografías multitudinarias dominan los parques; el cine comercial histórico y las series de amor copan las pantallas; símbolos de la mitología local, con el Rey Mono a la cabeza, se cuelan en cada atracción turística; priman las bandas de música autóctonas por sobre los internacionales; las calles están atiborradas de locales de karaoke; la gente juega a la lotería más por ocio que por plata.

Los chinos, casi rindiéndole tributo a su ying y yang, equilibran su energía a través de estas expresiones.

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Derribando
mitos

Mejor no hablar de ciertas cosas. En parte sí y en parte no.

Ningún diálogo está prohibido, pero queda en uno decidir si poner incómodo a un local o no. Política, religión y sexo, los tres temas del mundo, son, en ese orden, difíciles de desarrollar en cualquier charla cotidiana. Los chinos no se preguntan cosas en voz alta, pero las preguntas sobre China son infinitas. La mayoría proviene del misterio que genera el día a día en ese país, principalmente porque los medios de comunicación occidentales no suelen adentrarse en ese terreno. ¿Qué pasa con las drogas? ¿Hay locales bailables? ¿La homosexualidad es legal? ¿La policía te detiene en las calles? ¿El idioma hace todo imposible? ¿Es fácil moverse por la ciudad? ¿Qué tan seguro es el país? ¿Comen perros? ¿Hay caras de Mao por todos lados?

Vayamos una por una:
¿Qué pasa con las drogas? Están terminantemente prohibidas.
¿Hay locales bailables? Sí, y están llenos de extranjeros. Lo más curioso es que suenan reggaetón y remixes en inglés de la década pasada.
¿La homosexualidad es legal? Sí. Lo es desde 1997, no así el casamiento entre personas del mismo sexo.
¿El idioma hace todo imposible? No. La gente está muy acostumbrada a usar el traductor del teléfono.
¿Es fácil moverse por la ciudad? Sí. Es barato acceder al sistema de transporte público, las señalizaciones son claras y están en pinyin (el alfabeto occidental) y en inglés. Por lo menos en Beijing, el trazado urbano de la ciudad ayuda: sus enormes circunvalaciones que convierten a la capital en un enorme tablero de ajedrez hacen que sea imposible perderse.
¿Qué tan seguro es el país? Muy. Los chinos no tienen incorporada la idea de que un compatriota puede robarle cosas a otro.
¿Comen perros? No fui testigo de ningún banquete canino.

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Síntomas
de la
sociedad

Russo
La eficiencia está en todos lados, incluso en lo invisible. Un día me perdí en una ciudad sin turistas. Pedí ayuda en chino rudimentario. En diez minutos, cuatro personas me tradujeron, me buscaron en su celular y me acompañaron al hotel. No querían propina. Querían que yo llegara bien. Pensé en cuántas veces en Occidente confundimos rapidez con frialdad. En China, la eficacia es una forma de hospitalidad. No se nota, pero te abraza.

Nico
El chino es tenaz. Trabaja, trabaja y trabaja. Y lo hace por él, sí, pero también por la patria. “¿Crees en Dios?”, le pregunté a una clienta en la cafetería a la que iba todos los días. “Party is my religion” (‘El Partido es mi religión’), me contestó.

Russo
No vi sonrisas falsas. Los chinos sonríen cuando tienen algo para decir, no para agradar. Esa sobriedad emocional al principio me incomodó, pero luego la entendí como honestidad cultural. La felicidad no está en la carcajada sino en lo simple: el plato caliente, el paseo nocturno, el juego de mesa en la vereda. Ahí comprendí que la alegría en China es silenciosa, y no por eso menos profunda.

Nico
La sociedad china se entiende con el tiempo. No bastan quince días para comprender su funcionamiento. Los planos de sus construcciones mentales -como me adelantó Diego Guelar antes del viaje- son indescifrables.

Russo
Jamás cerré la puerta con llave. China me enseñó que la seguridad no se discute, se respira. Una señora dejó su celular en la mesa del restaurante durante una hora. Volvió. Nadie lo tocó. En el país más poblado del mundo, el control social es más efectivo que una reja. Y ahí entendí que el orden no siempre asfixia: a veces, da paz.

Nico
Un día iba caminando por la calle y vi rastros de sangre. Al rato me enteré que era un loco que había atropellado a un grupo de personas (nunca imaginé otra cosa, ya que los robos, al menos en la capital, son prácticamente inexistentes). Hablé con un local sobre la salud mental y rápidamente caí en la cuenta de que en China ir al psicólogo todavía es tabú.

Russo
Los adultos mayores bailan en las plazas como si tuvieran veinte. No es metáfora. Son las 7 de la mañana y ya están ahí: coreografías sincronizadas, música pop a todo volumen, y una vitalidad que incomoda. ¿En qué momento los nuestros dejaron de moverse? Les pregunté a unos abuelos por qué bailaban todos los días. Me miraron con sorpresa. “¿Y por qué no?”, respondieron. En China envejecer no parece una tragedia, sino una oportunidad para recuperar el cuerpo.

Nico
¡Qué bien se visten los chinos! Sobre todo las mujeres. Ellas se preocupan muchísimo por su imagen. En sus expresiones más radicales, algunas caminan con la cara maquillada íntegramente de blanco, casi como si fueran parte de un live action de algún efecto de Instagram, o cambian todos los días de lentes de contacto. No es raro -de hecho es común- ver a una conocida un día con los ojos grises y al otro con los ojos verdes. En sus manifestaciones más aduladas, prima una elegancia surgida de la combinación de lo simple, lo holgado, lo liso y los colores oscuros.

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