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Jardines de invierno:
secretos de
10 imperdibles porteños

Judith Savloff

01.
Un paisaje de cuento

Parece difícil de creer pero hay instantes en los que la Ciudad se calla. Entre semáforos y bocinazos, el Rosedal de Palermo (1914) ofrece esa tregua, sobre todo, si no es fin de semana.
Ocupa casi 4 hectáreas y cuenta con unos 18 mil ejemplares de 93 especies, por lo que ni las heladas lo pelan por completo. Fue diseñado por Benito Carrasco, según el mix de planta geométrica y arte de los típicos jardines de Francia.

Luego se integró con el puente de estilo griego, el Paseo de los Poetas y el Patio Andaluz, decorado con mayólicas hasta en los escalones (ahora en restauración). Entre lagos, botes y patos. Este paisaje, premiado en el exterior como Jardín de Excelencia y declarado Patrimonio Cultural porteño, abre más paréntesis. Hay momentos en que el aire huele a infancia, a helado de vainilla, a bicicleta con rueditas. Y entibia.

En Infanta Isabel, Iraola y Pedro Montt. Lunes cerrado.

02.
Los otros rosedales

Aparte del de Palermo, la Ciudad tiene un rosedal nacido en la década de 1930 y recuperado en 2016 en Parque Chacabuco y otro diseñado en 2003 en Puerto Madero. El paisajista Carlos Thays ideó el primero en 1903, con un tambo para vender leche y canchas de fútbol. Veinte años después plantaron un rosedal que llegó a exponer 3.000 especies y que luego, descuidado, casi desaparece. Fue reinaugurado en este siglo con 1.000 plantas y 4 pérgolas, con apoyo de la Asociación Coreana (por lo que en un cantero se diseñó su logo con flores).

En Emilio Mitre, entre Zubiría y Tejedor. Todos los días. Entrada gratis

El rosedal de Puerto Madero está en el Parque Micaela Bastidas: se trata de 5,4 hectáreas donde conviven la Plaza del Huerto, donde lo sembraron; la del Sol, y la de los Niños, todas ubicadas entre "colinas" de hasta 5 metros de alto sostenidas por murallones de piedra, inspiradas en las barrancas típicas de las plazas cercanas al río.

En Julieta Lanteri 1506. Todos los días. Entrada gratis.

03.
Sakura porteño

Los primeros capullos están por florecer. A mediados de julio el sendero con más 30 ejemplares de cerezos del Jardín Japonés pintará de rosa el cielo y tejerá una alfombra del mismo tono sobre el sendero. Así nacerá otro mundo, precioso y fugaz: cerca de la primera semana de agosto, la floración terminará y el paisaje seguirá siendo seductor pero invernal.
Contemplar la caída de las flores de los cerezos (sakura) es una tradición de más de 600 años en Japón que hace rato atrae turistas. Para los japoneses, estas flores, que se desprenden en su mejor momento, son símbolos de la felicidad efímera y de la fugacidad de la vida.

Con esto sobra para visitar el Jardín Japonés, incluso si uno lo conoce bien. Pero además el espectáculo de sakura propone postales infrecuentes y una forma, originalísima, de asomarse a la riqueza cultural japonesa.

En Casares al 3400. Todos los días. Entrada para residentes 4.500 pesos.

04.
Una orgía en el Botánico

En las 7 hectáreas del Jardín Botánico conviven más de 1.500 especies vegetales de los 5 continentes. Y entre otras maravillas (como el jardín de mariposas) se destaca un pequeño gran museo de unas 30 esculturas. Muy pocas fueron colocadas por el paisajista Carlos Thays para la apertura en 1898. Entre las que sí puso figura La loba romana, donada por Italia para el Centenario de la Revolución de Mayo. “El Aguatero”, del italiano Vincenzo Gemito, da la bienvenida. Con el atisbo de un movimiento ligero y sonrisa pícara, sugiere erotismo.

Es un buen punto de partida para la colección, en la que la mayoría de las piezas llegaron tras sufrir censura o para ser preservadas del vandalismo. Saturnalia, de otro italiano, Ernesto Biondi, con sus gladiadores, prostitutas y religiosos de rostros desencajados, representa la fiesta desenfrenada en honor a Saturno que realizaban los antiguos romanos. Pasó años en una caballeriza antes de convertirse en un imán del Botánico.

En Santa Fe 3957. Entrada gratis. Cierra los lunes.

05.
El laberinto y el caos

Con sus senderos laberínticos, sus fuentes, sus mayólicas de cuento y sus árboles centenarios, el jardín de tipo andaluz del Museo Larreta se presenta como uno de los inspirados en tradiciones musulmanas de la España medieval más importantes de toda Sudamérica. Los arbustos se plantaron para dividir al terreno en cuatro, en alusión a la tierra, el agua, el aire y el fuego.

El murmullo del agua se propone como una invitación a desconectar. Las especies –palmeras, olivos y naranjos, entre otras- y sus tres “ventanitas al caos” -de la calle Juramento- son otros de rasgos de esta influencia, que –como siempre ocurre en la Ciudad- se combina con otras.

En Juramento 2291. Cierra los martes. Entrada para residentes 2.000 pesos.

06.
Sirenitas y charangos

El patio de la Museo Casa de Ricardo Rojas busca replicar al del Convento de los Dominicos edificado en el 1600 en Arequipa, Perú. Allí tallaron sirenas que tocan charangos. Imágenes acriolladas que resumen una clave del estilo neocolonial: la fusión de elementos indígenas a hispánicos para oponer los signos modernos de la metrópoli porteña en la década de 1920.

En realidad, el espacio propone un cóctel de inspiraciones: una fuente con los ecos musulmanes en España; columnas de aires griegos; decoración con rostros incas, soles y maíz, y ángeles, su marca católica.

En Charcas 2837. Cierra domingo y lunes. Entrada gratis.

07.
Balcón a Sudamérica

El jardín del Museo Isaac Fernández Blanco, ex Palacio Noel construido en la década de 1920, tiene senderos de polvo de ladrillo, patios con rinconcitos revestidos con cerámicas de Talavera de la Reina (Castilla), fuentes y cítricos que conviven con especies locales, como ombúes y jacarandás. Además, cuenta balcones que evocan los de enormes estructuras de madera de la Lima virreinal, y que son únicos en la Ciudad.

No es todo. Está el aljibe, la palmera esbeltísima y la enredadera "viña virgen o falsa parra" que, según estiman allí, que crece desde que edificaron el edificio.

En Suipacha 1422. Cierra los martes. Entrada para residentes 2.000 pesos.

08.
Cinco estrellas

La mansión de los Duhau fue construida en 1934 por el arquitecto León Dourge y luego ampliada y devenida en hotel de lujo. Entre la calle Alvear (a la que daba aquella vivienda) y Posadas (donde vivían los caseros y hoy están las habitaciones de una torre posterior), cobija el jardín.

Se trata de un espacio aterrazado, que evoca los clásicos jardines franceses (sobre todo, por la simetría del diseño). Deslumbra desde los 3 restaurantes y el bar del complejo, cada uno de los cuales ofrece su propia vista. Se pueden visitar gratis (como la muestra de arte que se exhibe en una galería subterránea).

En el Hotel Park Hyatt, Alvear 1661.

09.
El lago secreto

El Parque General Paz ocupa cerca de 8 hectáreas, en el límite en la Ciudad y Provincia de Buenos Aires. Hasta las ramas peladas recuerdan que allí, tan cerca de los bocinazos, se pueden oír coros de pájaros.

Hay más. Está el Museo Histórico Cornelio Saavedra (1921), que a fines del siglo diecinueve había sido el edificio central de la chacra de Luis María Saavedra -sobrino de Cornelio, presidente de la Primera Junta-. Y hay un lago de más de 130 años, acolchado por vegetación, que se parece por estos días a un sueño casi congelado.

El acceso a la zona del Museo es por Crisólogo Larralde al 6300. El Parque cierra los lunes. Entrada gratis.

10.
Caballito: historia de una doncella

El Parque Rivadavia es famoso por las ferias. Por la de libros, que nació en los años 50, con ejemplares inhallables, fanzines, discos y otros disparadores de memorias.

Pero guarda otras maravillas. Entre sus esculturas, La fuente de la doncella (1931), del catalán José Llimona, se destaca por su simplicidad y delicadeza. Como la figura está desnuda, en 1971, durante la dictadura de Lanusse, la consideraron "obscena" y trataron de "esconderla" entre la vegetación de la Plaza San Martín. Los vecinos de Caballito lograron "repatriarla" en 2009.

En Rivadavia 4800. Todos los días. Entrada gratis.



Fotos: Maxi Failla, Emmnuel Fernández y Juano Tesone.
Videos: Gza. Jardín Japonés y Museo Larreta.
Fuentes: GCBA, instituciones, "Jardines españoles de Buenos Aires" (Sonia Berjman/archivo Clarín).