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    Carrusel MUNDIAL

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    bajada

    Fue una verdadera enmienda a sí mismo. Javier Milei ofreció en un breve y contenido discurso por cadena nacional el mayor ejercicio de autocrítica en los meses que lleva en el poder. Aunque no admitió errores, cada palabra que leyó parecía emanar del doloroso proceso de digestión de la derrota en las elecciones bonaerenses del domingo 7.

    se mostró empático con los que sufren el ajuste. El que acusaba a los gobernadores de ser “degenerados fiscales”, los llamó a trabajar “codo a codo”. El consenso ya no significa “validar el robo de la política”, como afirmaba tiempo atrás, sino un objetivo deseable. Prometió mejorar por encima de la inflación las jubilaciones, los fondos para universidades y las pensiones por discapacidad: una bandera blanca en las tres batallas que erosionaron su popularidad en este año electoral.

    La presentación del presupuesto 2026 sirvió de excusa para corregir con ligera sutileza la autoevaluación de su gobierno, al que tan a menudo consideró con derecho a ser declarado el mejor de la historia, como si su tarea estuviera ya cumplida. Pidió paciencia, al afirmar que el camino al desarrollo es arduo y sinuoso. No insultó, no buscó nuevos enemigos, no se acordó de “castas” ni “ensobrados”. Mantuvo en alto, sí, la bandera del equilibrio fiscal como pilar innegociable de su programa. El resto está sobre la mesa.

    Las elecciones de octubre, que no serán el paseo que alguna vez soñaron los libertarios, representan un desafío demasiado delicado para quedarse encerrado en la confortable burbuja del dogmatismo.

    El discurso completo

    Argentinos, buenas noches.

    Conforme a lo que dicta nuestra Constitución Nacional, esta noche estaremos enviando el Proyecto de Presupuesto de 2026 al Congreso de la Nación para su evaluación.

    Este Presupuesto sostiene, al igual que el presupuesto enviado el año pasado, el equilibrio fiscal. Hoy, el futuro de la Argentina depende fundamentalmente de una sola cosa: que el pueblo y la política se comprometan con el orden fiscal.

    Si respetamos el equilibrio fiscal, si logramos ese consenso básico, tenemos asegurado un crecimiento inimaginable, luego de décadas de estancamiento. Si fallamos, volveremos a caer en el pozo de la inflación descontrolada y la destrucción de toda expectativa en el país.

    En este sentido, el Presupuesto Nacional no es un mero proyecto de ley. Es la ratificación de nuestro compromiso inquebrantable con sacar al país adelante.

    El equilibrio fiscal es la piedra angular de nuestro plan de gobierno. Y es un principio no-negociable que le hemos planteado a la sociedad desde el comienzo de nuestra gestión.

    Ningún país del mundo puede funcionar correctamente sin un presupuesto equilibrado. Por eso, los políticos en todo el mundo encuentran consensos y acuerdos para sancionar la Ley de Leyes. Entendemos que el equilibrio fiscal parezca un mero capricho, pero no es, ni más ni menos, que la solución definitiva a los problemas que azotan desde hace décadas a la Argentina. Sin embargo, esta solución tiene plazos de desarrollo largos como cualquier solución verdadera.

    En ese recorrido, los éxitos que nuestro programa tuvo, y sigue teniendo, son parecidos a los cimientos en la construcción de un edificio. Son el primer paso necesario para desarrollar la obra, son sus componentes esenciales, dado que sin los cimientos, el edificio colapsa.

    Nosotros celebramos estos éxitos porque sabemos la importancia que tienen. Celebramos la baja sostenida de la inflación, la baja de la pobreza, la baja de impuestos, y la salida del cepo como grandes logros, porque lo son.