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    La fallida actualización del índice de inflación, que fue suspendida una semana antes de su publicación, desató una crisis que empujó la salida del director del Indec, Marco Lavagna. El reajuste en el modo en que se mide la suba de precios está en el foco de discusión en la vida económica: por qué era necesario una reforma y qué impacto iba a tener en la medición mensual.

    El cambio en la manera en que se mide la variación de precios estaba anunciada por el Indec para el próximo 10 de febrero. La fecha se conocía desde octubre pasado. El Banco Central, hace pocos días, hizo un informe en el que explicó cuáles iban a ser los cambios y arriesgó qué efecto podía tener. Y hasta el FMI había planteado que la hoja de ruta del acuerdo con el Gobierno preveía esa reforma. ¿Qué pasó para que un reajuste técnico se convierta en una crisis política para la Casa Rosada?

    Cómo era el índice que comenzaba este mes

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    El nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) que iba a comenzar a aplicarse a partir de este mes para medir la inflación de enero estaba basado en una canasta de bienes y servicios actualizada. Con la medición vigente, el Indec toma en consideración la estructura de gastos que había en los hogares en 2004. Eran relevante en ese momento, todavía, consumos como el teléfono fijo o las tarjetas prepagas para teléfonos celulares.

    El Indec hizo una Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018 para reemplazar a la de 2004. Esa actualización buscaba que el número refleje de manera más precisa el gasto real de los hogares argentinos y el peso de algunos rubros que cambiaron en los últimos años, como servicios, transporte y comunicaciones.

    En términos generales, el IPC actualizado hubiera sido menos sensible a variaciones en el tipo de cambio, en comparación con la medición actual. Los cambios bruscos de precios internacionales que impactan en los alimentos también habrían tenido un efecto más acotado.

    Los rubros que ganaban peso en el IPC

    En la nueva versión del IPC, varios rubros iban a tener un mayor peso relativo en la canasta. Según estimó la consultora Equilibra, Vivienda, electricidad, gas y otros, que incluye boletas de servicios públicos, ganaba 5,1 puntos porcentuales e iba a representar el 14,5% de la canasta que refleja el consumo de las familias.

    Los gastos de Transporte (un rubro que contempla vehículos y tarifas de colectivo, tren o subte, y también precio de los combustibles) hubiese pasado a representar el 14,3% del total. Su peso iba a ser 3,3 puntos más alto que el IPC vigente.

    Comunicaciones también era más relevante. A diferencia de hace 20 años, las familias gastan mucho más en servicios como Internet en el hogar y aparecieron otros inexistentes en ese momento como streaming de películas, series o música. Mientras en el IPC vigente ese rubro representa el 2,8% del total, el índice suspendido iba a tener una relevancia de 5,1%.

    Cuáles son los que perdían relevancia

    El rubro de alimentos y bebidas seguiría siendo el de mayor peso, aunque con un retroceso: hubiese pasado de ser el 27% del total del índice a 22,7%, también según Equilibra.

    Bebidas alcohólicas y tabaco pasaría de representar 3,5% a 2% del total de la canasta. Prendas de vestir y calzado pesaba casi 10% de la medición y desde enero iba a ser 6,8% del total. Restaurantes y hoteles también iban a caer desde 9% al 6,6% de la canasta.

    Inflación de enero y febrero: qué diferencia hay entre los dos índices

    Con la marcha atrás del Gobierno, la inflación seguirá midiéndose como hasta ahora, sin cambios. Todos los reajustes en las ponderaciones que estaban previstas para el IPC de enero no tendrán efecto concreto.

    Pocas horas antes de que Marco Lavagna diera un portazo como director del Indec, el ministro de Economía Luis Caputo había adelantado que la inflación de enero iba a ser más baja que en diciembre y llegó a arriesgar un número aproximado en la zona del 2,5%, aunque evitó presentarlo como una proyección puntual.

    El FMI y el BCRA habían anticipado su implementación

    El efecto sorpresa de la salida de Lavagna y la marcha atrás de la Casa Rosada con el nuevo índice está alimentado por dos cuestiones particulares: tanto el Banco Central, la entidad encargada de tomar decisiones de política monetaria en base a la inflación, como el FMI, el principal acreedor argentino, venían anticipando el cambio de metodología.

    La actualización metodológica del IPC era una recomendación que el Fondo Monetario propició, que formó parte de la letra chica del acuerdo e incluso prestó asistencia técnica al Indec para su puesta en marcha. En agosto pasado llegó a anticipar, antes de que lo hiciera el Gobierno, que el índice nuevo estaría listo para su publicación a fines de 2025.

    Cuál fue el conflicto entre Lavagna y Caputo

    La decisión de postergar la nueva metodología se produjo en medio de tensiones internas que se tornaron irrecuperables. La secuencia del lunes pasado fue de algunas pocas horas: Caputo habló sobre la inflación de enero, Lavagna renunció después del mediodía y por la tarde el ministro anunció a su sucesor y dijo que se suspendería de manera indefinida la nueva medición.

    La inflación es un dato sensible para la marcha del plan económico. En términos anuales, el 2025 terminó con un IPC de 31,5%, y enhebró dos desplomes consecutivos con relación a 211,4% de 2023 y 117,8% de 2024. La última secuencia del 2025 mostró un estancamiento en esa desinflación. De hecho, hubo una aceleración desde el piso de 1,5% que marcó mayo.

    Por qué renunció Lavagna y quién lo reemplaza

    La renuncia del director del Indec fue el hecho más visible de la crisis interna. Sin hacer declaraciones en público, solo escribió una carta de despedida que envió por mail a los trabajadores del instituto.

    "Fueron 6 años de mucho trabajo y de enormes desafíos, en los que logramos avanzar en la mejora de las estadísticas públicas y el sistema estadístico nacional”, dijo el economista.

    “Sabemos que la realidad económica y social cambia permanentemente y que el sistema estadístico nacional necesita seguir adaptándose y fortaleciéndose. En ese camino, quedan proyectos con un alto nivel de desarrollo y otros en proceso, que estoy seguro podrán completarse y ser implementados próximamente”, planteó.

    Qué indicadores están “indexados” al IPC

    Más de un indicador depende de la marcha de la inflación y está atado directamente a su evolución: hay contratos de alquiler, aumentos salariales y de tarifas, bonos que cotizan en el mercado y hasta las bandas de flotación del tipo de cambio.

    Las jubilaciones, por ejemplo, replican al mes siguiente el dato del IPC. Este mes de febrero, por ejemplo, aumentan según el 2,8% de inflación que marcó diciembre.

    Algunas tarifas como las de colectivos en la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires también siguen a la inflación pasada pero le agregan un porcentaje adicional. En ambos casos, los boletos se incrementan según IPC más 2% más.